Regreso por hambre al Centro Histórico de la CDMX en epidemia de Coronavirus



Ciudad de México.- Un sujeto trajeado se apuesta con firmeza y arranca una Ópera. Esta como a unos dos kilómetros del Palacio de Bellas Artes, en la calle de 16 de septiembre del Centro Histórico de la Ciudad de México (CDMX).



Su voz es más estruendosa que el bullicio de las miles de personas que volvieron a las calles de Centro de la capital del país con la señal del semáforo naranja de la epidemia de Coronavirus. Desde hace más de 100 días estos andadores históricos han estado cerradas, salvo algunos días de protesta, y comienza a retomar su vida cotidiana.



Pero al seguir en epidemia el regreso tiene que ser bajo una nueva normalidad que obliga el uso de cubrebocas, careta, guantes y gel antibacterial, según las indicaciones del gobierno de la CDMX, que dirige Claudia Sheinbaum. Aunque al avanzar por estas calles donde el sol con sus rayos alumbra y quema al medio día se nota que no hay reglas.



Se impone la vieja normalidad y en la reapertura laboral y económica queda en el olvido la llamada sana distancia. Muchos corren sin careta. Algunos negocios abren sus puertas a comensales y en la entrada no hay tapete sanitizante. En algunos se observa un poco de gel en la entrada, sin embargo, la mayoría vive en la vieja normalidad.



Es primero de julio de 2020, dos años después de que Andrés Manuel López Obrador ganara las elecciones presidenciales de 2018 y la CDMX, abarrotando estas calles. En esos días había euforia hoy se siente tensión, temor al contagio y a morir de hambre.
Es una zona de alto contagio, aunque nadie lo advierte.

Toreando el hambre



En una pausa que hace el señor de la Ópera para tomar agua, un joven de unos 30 años de edad, con vestimenta informal — camiseta blanca con gorra, jeans y tenis azules— se lleva las manos a la boca y emite un silbido recio.



Es la señal de los llamados “toreros”, quienes trabajan para las plazas comerciales de los ex vendedores ambulantes.



Con el chiflido aparece un grupo de personas con sábanas. Las amarran con nudos en cada uno de sus cuatro lados y con la fineza de un matador la sueltan a la calle semi peatonal que ahora parece la calle contigua de Madero, la más importante de América Latina, que antes de la epidemia concentraba a 200 mil personas al día. Hoy sigue carrada por la contingencia.



— ¡Pásele damita, mire aquí pura calidad!, ¡Lleve los lentes! — grita el ambulante, una actividad prohibida y por eso son conocidos como toreros, porque actúan de manera clandestina burlando a la policía.
— ¿De a cómo y porque tan caro? — le regatea la compradora, una práctica común entre los capitalinos, negociar para bajar el precio de oferta.
— A 50 el que te agrade amiga, te lo puedes probar sin compromiso.
— ¿Y ya es lo menos? — insiste la mujer.
— Casi, ni le estoy ganando, son de calidad… — replica el ambulante que no deja de otear a los cuarto vientos por si viene la policía.
— A ver esos rojos — señala con el índice de su mano derecha unas gafas estilo gogle que se recomiendan usar para evitar el contagio de Coronavirus por los ojos.
— …Te los estoy dejando bara, tres meses sin trabajar, ya hasta me hicieron adelgazar del hambre. — dice con sorna el comerciante esperando la primera venta para persignarse.



Adelante hay una señora de vestido blanco que le dice a una pequeña niña, de unos 6 o 7 años, “acomódalos bien, que se vean”.



No han pasado ni 10 minutos cuando el silbido se vuelve a escuchar. Y la música de Ópera sonoriza la calle de Madero.



Los toreros toman sus sabanas por los cuatro nudos y las echan en un gesto a sus bolsas de mandado para simular un transeúnte cualquiera de compras por el Centro:



Se rompe la aglomeración y se amplía la libertad de paso. Los obstáculos y mercancia se han ido mientras un policía desfila en su lugar sin saber que lo burlan a cada rato.



El joven de los lentes se acerca a uno de sus colegas y susurra: “Ni dejan vender estos monos, como si de plano hiciéramos daño”.



Su amigo le replica: ¿No se supone que se había llegado a un acuerdo con las autoridades?
— ¡Nah!, esos sólo saben chingar, también dijeron que nos iban a dar apoyos y no conozco a alguien que diga a mi ya me cayo… creen que con unas despensas chiquitas se soluciona el que no pudiéramos vender durante 3 meses.



La platica la rompe el regreso de la policía.



Regresan un poco sudados y el ambulante le confiesa a su amigo que en los días de cuarentena tuvo que hacer ventas por Facebook.



El comerciante es el sustento de una familia grande, su madre es diabética y su esposa está embarazada.



Se le acerca otro comprador y al ver que no compra le dice:
¿Vendiste a dar el rol o trabajas por aquí? “Dando el rol, y la neta vine de chismoso, pensé que habría menos gente, y que el miedo al Covid estaba presente”, le revira al comerciante.



—¡Nel carnal, el mexicano es guerrero! Yo por ejemplo si tengo miedo de llevar el bicho a casa, es más yo llego a darme el baño y a cambiarme la ropa, pero pues la necesidad es cañona…

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Mientras la señorita en compañía de sus amigas se convencen en cuales modelos de lentes se llevan, se acerca otro un hombre, este de camiseta roja y pants negro, un poco agitado.



Espera a que las chicas se retiren del comerciante de los lentes y le indica que hay operativo sobre el Eje Central a la altura de la plaza comercial Meave.



El comerciante de las gafas de sol voltea a un lado, voltea al otro y dice: “Ya vienen, no vale la pena tener la mercancía parada de 10 a 15 días. Diles que levanten”.



El muchacho de rojo chifla y como si fueran peces jalados por la corriente, los vendedores desaparecen en el mar de transeúntes que recorren las calles del Centro Histórico.

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Dos días después, la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, sale en videoconferencia y anuncia que este fin de semana se cierran el regreso de actividades en el Centro Histórico porque se ha detectado que la mayoría no cumplió las medidas de sanidad y hay riesgo de un rebrote. La Secretaria de Gobierno capitalina, Rosa Icela Rodríguez, toma el micrófono y con dureza señala a cada una de las empresas, negocios y grupos de comerciantes informales incumplieron las medidas y sin titubear advierte que habrá sanciones administrativas.