Científicos peruanos y de la UNAM redescubren rata inca

Fecha de publicación: 2014-10-07 por

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Un grupo de biólogos peruanos y mexicanos del Consorcio Latinoamericano de Biología de la Conservación, con el liderazgo de Gerardo Ceballos, del Instituto de Ecología de la UNAM, y Horacio Zeballos, del Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables de la Pontificia Universidad Católica del Perú, hicieron un descubrimiento en los bosques montanos del Santuario Histórico Machu Picchu.

Se trata de la rata inca (Cuscomys oblativa), especie descrita con base en dos cráneos encontrados en vasijas prehispánicas que datan de hace más de 400 años, y que fueron descubiertos en 1912 por la expedición del famoso arqueólogo estadunidense Hiram Bingham.

Entonces, él y su equipo de trabajo recuperaron miles de piezas de la cultura inca como vasijas, telares, utensilios y osamentas. Entre esos restos hallaron las cabezas de un mamífero desconocido y enigmático. Dada la ausencia de ejemplares vivos, la especie, que fue descrita hasta 1916, se consideró extinta desde tiempos prehispánicos.

En noviembre de 2009, uno de los guardaparques, Roberto Quispe, se topó con un individuo de la rata inca en las inmediaciones de la zona arqueológica. En biología de la conservación a este tipo de redescubrimientos se les denomina el Efecto Lázaro, en referencia al evento bíblico de resurrección

Esplendor inca

En septiembre de 2012, los integrantes del Consorcio Latinoamericano de Biología de la Conservación realizaron un inventario de mamíferos, reptiles y anfibios en uno de los bosques nublados que rodean el sitio (en la zona de Wiñayhuayna), que es una manifestación del esplendor del imperio inca.

Cuscomys oblativa es un roedor llamativo, de tamaño de un gato pequeño; tiene una coloración gris, con una banda blanca en la cabeza y la cola larga y bicolor.

El trabajo de campo se hizo con el sitio arqueológico como parte del paisaje, con laderas pronunciadas, pendientes de hasta 60 grados de inclinación, cubiertas de bosques montanos, con frondosos árboles tapizados de musgos, líquenes y otras plantas.

El Santuario Histórico Machu Picchu y sus alrededores han sido reconocidos como sitios irreemplazables de la Cordillera de los Andes en Sudamérica y es el hábitat de otras especies espectaculares y amenazadas, como el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), murciélago de cola libre inca (Mormopterus phrudus) y el gallito de la rocas (Rupicola peruviana). Además de la rata inca, se hicieron otros hallazgos sorprendentes. Los investigadores encontraron otras tres especies de mamíferos, cuatro de anfibios y un reptil, nuevas para la ciencia, que es un evento muy raro en la actualidad.

Horacio Zeballos, uno de los más prestigiados mastozoólogos en Latinoamérica y curador del Departamento de Mastozoología del Museo de Arequipa, recuerda: "Encontrar un nuevo Chibchanomys y otras especies, como ya lo habíamos hecho hace un año en el norte de Perú, me llenó de alegría. Pero también me quedo con la enorme responsabilidad para tratar de evitar su extinción. Nuestro papel debe ir más allá de la mera descripción e intentar conservarlos. Su posible desaparición es señal de pobreza en todo sentido".

Las nuevas especies de mamíferos incluyen un pequeño roedor acuático (Chibchanomys sp.) sin orejas aparentes, pelo lustroso que lo protege de la humedad y fleco de pelos bien desarrollados entre los dedos de las patas y parte lateral de las mismas para desplazarse en pequeños arroyos. Estos últimos están entre los más raros y poco conocidos de América.

Otros descubrimientos interesantes fueron los de una rata de bambú (Dactylomys peruanus) que se conocía formalmente en dos localidades, una en Perú y otra en Bolivia, lo que amplía su distribución casi 300 kilómetros al norte.

Se encontraron también cuatro especies de anfibios y una de reptil nuevas para la ciencia. Una rana de hábitos acuáticos (Telmatobius sp. nov.), que habita en los pequeños pozos construidos por los incas. Dos ranas (Bryophryne sp. nov. y Oreobates sp. nov.) con desarrollo directo, sin etapa larvaria, que viven entre la hojarasca, helechos y montículos de rocas en el bosque y cerca de canales de riego. Y una rana arborícola (Gastrotheca sp. nov.), cuyas crías se desarrollan en una bolsa marsupial en el dorso.

De manera adicional se registró un sapo muy raro (Nannophryne corynetes), de hábitos fuertemente ligados al agua y que antes sólo se conocía en la localidad tipo a 20 kilómetros al este de Machu Picchu. La nueva especie de reptil es una pequeña lagartija del género Proctoporus de cola azul. En la actualidad, las nuevas especies de mamíferos y ranas son descritas de forma científica.

Estos hallazgos se suman a otros en el Santuario Nacional Tabaconas-Namballe en 2011 y los Parques Nacionales de Tambopata, en Perú, y Santa Marta, en Colombia, por medio del Consorcio Latinoamericano de Biología de la Conservación, exitosa iniciativa organizada en 2010 para realizar investigación y desarrollar cursos de preservación en la región.

Época de oro

Gerardo Ceballos apuntó que "el descubrimiento de tantas especies de mamíferos, reptiles y anfibios en los últimos tres años coloca a nuestro grupo de trabajo como uno de los líderes mundiales en el tema. Indican que estamos verdaderamente en una nueva época de oro de hallazgos de la biodiversidad". También, puntualizó, constituyen un recordatorio de que la destrucción de los ambientes naturales es muy probable que cause la desaparición de decenas de miles de especies que ni siquiera han sido descritas.

En la expedición estuvieron sólo en una zona del santuario, lo que hace posible que haya más especies nuevas en las áreas que no se han visitado. En los profundos cañones y sus inmediaciones, con exuberante vegetación, seguramente se esconden aún muchas otras de invertebrados y plantas.

Esta excursión estuvo integrada por los mexicanos Gerardo Ceballos, con sus colegas Lourdes Martínez, Jesús Pacheco (del Instituto de Ecología) y Andrés García (del Instituto de Biología), y los peruanos Horacio Zeballos, Kateryn Pino, Alexander Pari, Roberto Quispe y César E. Medina, del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa; y Juan Carlos Chaparro y Luis Mamani, del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco.

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