INVESTIGADOR DEL INAH DESARROLLA PRIMER MODELO TAXONÓMICO PARA ARTEFACTOS

Fecha de publicación: 2017-07-26 por

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Para el arqueólogo Jesús Sánchez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el estudio de la escultura de la antigua ciudad prehispánica de Cantona implicó la construcción de un nuevo método de análisis de clasificación de las piezas con el fin de lograr su interpretación. Este esfuerzo lo ha llevado a desarrollar el primer modelo taxonómico para artefactos.

No se trata sólo de una tipología de clasificación, sino de un modelo analítico-taxonómico que se puede aplicar a cualquier objeto, antiguo o moderno, explica el arqueólogo, quien desde hace 20 años se ha dedicado al estudio del significado de las piezas creadas por las antiguas culturas prehispánicas y actualmente se aboca a desarrollar lo que él mismo ha llamado la arqueosemiótica, la cual traduce como el estudio de los vestigios arqueológicos como signos que llevan a conocer el mensaje ideológico de quienes los elaboraron.

Los primeros resultados de sus pesquisas han sido publicados en la obra La escultura en piedra de la ciudad arqueológica de Cantona, Puebla, Volumen I (INAH, 2016), dedicado al análisis de las estatuas, es decir, todas aquellas esculturas de representaciones de seres animados: humanos, animales o híbridos, ya sea en su totalidad o alguna de sus partes anatómicas.

Jesús Sánchez explica que ninguna disciplina había generado un sistema taxonómico de artefactos. Su propuesta es inicial, basada en los principios de la ciencia, de manera que el modelo puede ser aplicado a cualquier objeto, incluidos los arqueológicos, explica. Desde los más antiguos, como las herramientas de piedra, hasta los más actuales, como un automóvil.

El investigador comenta que en el ámbito de la semiótica existen análisis de objetos. La semiótica cognitiva ―que incluye la conciencia y capacidad de juicio― habla de una taxonomía; sin embargo los pensadores más destacados, como el semiólogo francés Roland Barthes advirtieron necesario desarrollar un sistema taxonómico para las cosas, similar al que existe para los reinos animal y vegetal, e hicieron aproximaciones pero nunca desarrollaron un modelo propiamente dicho.

El modelo lo ha comenzado aplicar en la escultura de Cantona, donde había que hacer una tipología de 690 piezas excavadas desde que iniciaron las exploraciones en 1993 hasta el 2000. Uno de los tipos taxonómicos de los objetos es la escultura, y una de las familias, la estatuaria: en la primera parte de su investigación, Jesús Sánchez se ha enfocado al análisis de 61 estatuas localizadas en el periodo mencionado.

A través de la aplicación de su modelo taxonómico ha identificado características propias para la escultura cantonesa. En primer término advirtió dos rasgos: piezas de aristas finas, es decir muy bien delineadas, y esculturas de aristas redondeadas que no hacen ángulos; aunque aún no define si su elaboración obedece a dos épocas distintas o si ambas convivieron a lo largo de la historia de Cantona.

Otras características son las orejas rectangulares y verticales, rostros poco definidos apenas con dos o tres orificios en el lugar de ojos y boca. Sin embargo, a pesar de su esquematismo es un tanto realista, explica, por ejemplo, los brazos no son cuadrados sino redondeados y cuando buscan ser más detallistas plasman los labios, algunas veces de comisuras finas y otras redondeadas.

En cuanto a las influencias de estilo, Jesús Sánchez observa en la escultura cantonesa elementos de la cultura mezcala, pero también huastecos y toltecas. En referencia a éstos últimos, señala que los toltecas debieron reproducir las formas cantonesas, porque Cantona colapsó hacia el 900 d.C., cuando comienza el desarrollo de la metrópoli tolteca en la Cuenca de México.

En el caso de la estatuaria, el arqueólogo considera relevante que de 61 piezas no encontró ni una representación de deidades. Las imágenes de dioses en Cantona: Tláloc y Huehuetéotl, sólo son reproducidas en frisos, lápidas y estelas, así como objetos de uso práctico ―como los braceros―, pero no contemplativos, naturaleza de las estatuas.

En cambio halló que los seres representados son personajes del pueblo. Destacan las cabezas deformes, que Jesús Sánchez ha interpretado como jugadores de pelota. Estas figuras no fueron descubiertas en los templos, la mayoría se encontraron vinculadas a las canchas de juego de pelota y sólo dos de ellas en los patios de dos distintas casas. Son hombres con el rostro deformado que quizá terminaron así después de un encuentro muy reñido. En su hipótesis, el investigador también observa la posibilidad de que se trate de trofeos para los jugadores.

Pero las que considera más interesantes son las representaciones fálicas. En este sentido, la hipótesis del estudioso propone que estas piezas son lo más aproximado a la estatuaria de una deidad: “El pensamiento religioso de Cantona es complejo, este pueblo veneraba una capacidad de los dioses: la fertilización”. El arqueólogo recuerda que en muchas sociedades mesoamericanas elaboraron esculturas en piedra representando el órgano sexual masculino: los huastecos son de los más propensos en representar el tema; sin embargo, la mayoría aparecen con el torso o en cuerpos completos.

En Cantona, en cambio, la fecha se han descubierto 17 esculturas de falos, varias completos y otras sólo un fragmento de esa parte anatómica. Se trata de estatuas, reitera Jesús Sánchez. Un dato que el investigador considera interesante es que las características de algunas de éstas no coinciden con falos humanos, sino felinos y algunos son híbridos, mezclados con la forma de una especie de hongo que crece en el excremento de esta fauna y que tiene propiedad afrodisiaca.

La hipótesis de Jesús Sánchez se reforzó con información proporcionada por especialistas de la UNAM, entre ellos, Carmen Valverde, que han estudiado la región y la identifican como un hábitat natural de pumas en tiempos prehispánicos. “Lo interesante es que los felinos son hiperactivos sexualmente. Ahí la arqueología encuentra un punto de anclaje: la analogía de la sociedad patriarcal con los felinos, por eso se venera el falo felino que representa la capacidad sexual que de los hombres de Cantona desean poseer, y el puma da la oportunidad de ser como él, luego de comer el hongo que crece en su excremento”.

Después de analizar estudios de diversos autores sobre la representación del sexo masculino o femenino, Jesús Sánchez llegó a la conclusión de que más allá de representar un culto a la fertilidad, la práctica forma parte del espacio de la cognitividad de la sociedad, es decir de la idiosincrasia: “Si Cantona es tan prolífica en la representación fálica, quiere decir que se trata de una sociedad patriarcal que hace más énfasis en la fertilización masculina”, advierte el investigador.

La fertilidad, dice, es una propiedad y la fertilización un acto. De acuerdo con la hipótesis del arqueólogo, el culto fálico de Cantona da una importancia relevante a la capacidad sexual masculina con una idiosincrasia fuertemente machista, postulado que se refuerza con la presencia del mayor número de canchas de juego de pelota en Mesoamérica: 27 en total descubiertas hasta hoy, de las cuales 17 o 18 son contemporáneas, concretamente del momento de mayor desarrollo de la ciudad. La mitad se ubica dentro de las áreas habitacionales y algunas forman parte de conjuntos de funciones cívico-religiosas. Una habilidad que requiere de hombres y hace énfasis en la valentía.

Jesús Sánchez prepara un segundo volumen sobre la escultura cantonesa. Al proyecto se ha sumado la arqueóloga Yadira Martínez, quien ha estudiado el sitio por 14 años. En el siguiente título pretenden desentrañar qué significó una escultura, no para el hombre actual, sino para quienes la elaboraron y la consumieron: una arqueología que busca la raíz cultural explorando las representaciones de la realidad en la mente, expresada en signos.

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