LIBRO DEVELA CONSTRUCCIÓN DEL APARATO DE INTELIGENCIA POLICIACO EN MÉXICO

Fecha de publicación: 2017-03-02 por

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La construcción del aparato de inteligencia policiaco en México y su relación entre la política y la violencia, son los principales hilos conductores del libro El caso Villavicencio. Violencia y poder en el porfiriato, de Jacinto Barrera Bassols, trama que ahonda en el desarrollo de estos fenómenos vistos a través de los ojos de un oscuro personaje al servicio del Estado porfirista.

El origen de la violencia política que ha marcado al país es mostrado por Antonio Villavicencio, quien fuera pieza clave en momentos históricos. El texto será presentado el jueves 2 de marzo, a las 14 horas, en el Salón El Caballito, como parte de las actividades editoriales del Instituto Nacional de Antropología e Historias (INAH), en la 38 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

Quien quiso ser cantante de opereta en los teatros de la capital, dejó su sueño y lo cambió por un modesto puesto en la policía capitalina, donde finalmente conocería la fama al verse involucrado en el mayor escándalo político de la época porfiriana: el supuesto “atentado” contra Porfirio Díaz, el 16 de septiembre de 1897, perpetrado por Arnulfo Arroyo, quien por órdenes superiores fue sacado de la cárcel y linchado.

A partir de ese momento, Villavicencio, quien contaba con una aguda inteligencia para percibir debilidades humanas, aunado a su ambición desmedida, fue utilizado como brazo ejecutor de los oscuros planes del porfirismo. En el volumen, a partir de la reconstrucción de la trayectoria de este antihéroe, el historiador del INAH recorre los sótanos de dicha sociedad y da cuenta de la violencia ejercida por el Poder Ejecutivo de la época, a través del uso discrecional de los aparatos policiacos.

El libro, que se basa en la tesis que Barrera Bassols presentó para obtener el doctorado en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), ahonda en cómo, tras haber permanecido cinco años en la Cárcel de Belén en calidad de condenado a muerte, Villavicencio salió en 1902 para integrarse a los aparatos policiacos citadinos, donde se convirtió en el más conspicuo de los esbirros de un régimen cuya política era la que construía y, al mismo tiempo, resolvía los crímenes, “era instrumento ejecutor del poder”.

Nacido en Veracruz en 1861, durante su trabajo como torcedor de tabaco resolvió “su primer caso”, tras actuar como “soplón” y entregar a quien sustraía este producto para venderlo. Llegó a la Ciudad de México en 1892, invitado por la compañía de zarzuela del cantante Enrique Labrada, para integrarse a los coros.

Luego de su fracaso en el género corto, Villavicencio, al estar en contacto con los tablados, salones de baile y burdeles como El Tívoli —a donde acostumbraban acudir los gendarmes—, empezó a involucrarse en asuntos policiacos y ayudó a resolver dos casos de la época: el robo de joyas a una familia oligarca y el asesinato de una mujer en un hotel, lo que le valió ingresar a las fuerzas del orden como secretario de la segunda demarcación de policía, en los primeros meses de 1894.

A partir de ahí, Villavicencio fue ubicado en sucesos trascendentales como el envío forzado de delincuentes y esclavos para trabajar en Valle Nacional, en Oaxaca; el robo al Banco Minero en Chihuahua, que refleja la relación entre algunas familias y ciertos círculos de poder en el país; y su colaboración durante la Invasión Norteamericana al puerto de Veracruz en 1914.

“Para él, la única ideología que tenía era el dinero y el poder, por eso resultaba funcional a un Estado con las características del mexicano”, acotó el historiador, para quien resultó más fácil seguir las huellas de este personaje menor que de otras figuras como Félix Díaz, quien tuvo gran importancia dentro del control de inteligencia política en el país, pero por su condición de funcionario de alto nivel, la información sobre su quehacer está muy acotada.

El personaje de Villavicencio le permitió al investigador Barrera Bassols descubrir las redes de poder y su construcción en la época porfirista, su pista lo llevó por las operaciones conspiradoras que se ejecutaban desde los sótanos de la policía pero que se fraguaban en los escritorios del Poder Ejecutivo, cuyo único objetivo era mantener y preservar, a toda costa, la llamada “pax porfiriana”.

Este volumen también devela el trato de la incipiente prensa amarillista con la policía y los inspectores de las demarcaciones encargados de esclarecer los crímenes, a quienes se referían con el ostentoso título de “detectives”. El prestigio de los policías dependía del lugar que los periódicos les otorgaban; el pacto entre gendarmes y prensa no tardó en convertirse en colusión.

Ningún otro de los policías “detectives” de la época comprendió y explotó como Villavicencio las nuevas redes tendidas por la modernización de la prensa mexicana, ya que su relación con los periodistas comenzó en los pasillos, palcos y camerinos durante su época en los tablados.

Con la aparición de la prensa moderna, el surgimiento de la nota roja fue trascendental, los diarios lo mismo daban cuenta de la criminalidad como del escándalo político, un ejemplo de este amarillismo fue el homicidio de Arnulfo Arroyo, quizás el primer escándalo político del México moderno.

En la presentación del libro se contará con la participación de Juan Manuel Aurrecoechea, Gabriela Pulido y el autor. El Palacio de Minería está ubicado en Tacuba 5, Centro Histórico.

Tags: LibroFeria Internacional del LibroPalacio de MineríaEl Caso VillavicencioPorfiriatoHistoriadorJacinto Barrera Bassols

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